CRÓNICA DE CONCIERTO · DAPHOTO LIVE
Vetusta Morla hizo del Roig Arena un lugar para cantar y tomar la palabra
Más de 14.000 personas acompañaron el regreso de la banda a Valencia en un escenario circular inspirado en su local de ensayo. Hubo canciones nuevas, repertorio compartido y un momento en el que Pucho habló, lloró y recordó que la libertad también necesita espacio.
9 OCTUBRE 2026 · ROIG ARENA · VALENCIA
TEXTO Y FOTOGRAFÍA · DANIELA ARANGO​​​​​​​

Pucho y Vetusta Morla durante el debut de la banda en el Roig Arena de Valencia. Fotografía: Daniela Arango.

La primera impresión del concierto fue extraña y cercana: con más de 14.000 personas alrededor, Vetusta Morla parecía haber trasladado su espacio de ensayo al centro del Roig Arena. Los instrumentos no estaban distribuidos para marcar distancias, sino para que los músicos pudieran mirarse, aproximarse y construir cada canción a la vista del público.
La disposición circular reducía visualmente la escala del recinto. Pucho podía abandonar el micrófono, acercarse a la percusión o buscar a sus compañeros sin romper la escena. No era la representación de una banda perfectamente alineada frente a una arena, sino la ampliación de algo más privado: seis músicos reuniéndose alrededor de una canción para descubrir hacia dónde podía llevarlos.

EL ESCENARIO
Un local de ensayo en medio de la arena
La propuesta tenía sentido dentro de “Gira de vuelta. Canciones de ida”. Vetusta Morla regresó a los escenarios después de dos años de pausa y decidió hacerlo desde el mismo lugar simbólico donde había comenzado este nuevo ciclo: el espacio compartido de ensayo.
El escenario permitía observar cómo se relacionaban los músicos. Las guitarras, los teclados y las distintas estaciones de percusión no funcionaban como compartimentos independientes. Las canciones se desplazaban entre ellos, y Pucho entraba y salía de ese movimiento como una pieza más del grupo.​​​​​​​

Vetusta Morla actúa sobre un escenario circular rodeado por el público del Roig Arena. Fotografía: Daniela Arango.

LAS CANCIONES DE IDA
El regreso comenzó mirando hacia delante
El concierto no empezó buscando la seguridad de un éxito conocido. “Mi colección de duelos”, “Bailar en Beirut”, “De alguna forma” y “Si vuelves” ocuparon los primeros minutos. Cuatro canciones nuevas antes de abrir el repertorio que el público ya llevaba aprendido.
“Bailar en Beirut” se había publicado ese mismo día. “No dirás que no” se estrenó después por primera vez en directo y “El campo de violín” quedó reservado para el bis. La banda no presentó su regreso como una revisión nostálgica de su trayectoria, sino como el inicio de una etapa que todavía se está escribiendo.
Con “La deriva” y “Golpe maestro” cambió la respuesta del recinto. La atención con la que se habían escuchado los temas nuevos se convirtió en reconocimiento inmediato. Las voces comenzaron a crecer desde la pista y las gradas, y el concierto encontró ese punto en el que una canción deja de pertenecer únicamente al escenario.​​​​​​​

Pucho cantando junto a Jorge González en el Roig Arena de Valencia. Fotografía: Daniela Arango.

CANCIONES QUE YA TENÍAN UN LUGAR
Cuando el repertorio también cuenta una historia propia
En mi caso hubo cuatro canciones, repartidas por el cuerpo central del concierto, que cambiaron mi manera de escuchar la noche: “Finisterre”, “Puñalada Trapera”, “23 de junio” y “La Virgen de La Humanidad”.
No llegaron juntas ni producen la misma emoción. Lo que comparten es algo más difícil de explicar: ya existían fuera de aquella noche. Las había escuchado antes, las había relacionado con otros momentos y llevaban consigo una memoria que no empezó en el Roig Arena.
Al oírlas en directo, rodeada por miles de personas que también parecían guardar una historia distinta dentro de las mismas palabras, dejé de pensar durante unos minutos en la fotografía. Hay canciones que permiten observar un concierto y otras que obligan a vivirlo desde dentro. Estas cuatro hicieron lo segundo.

LA LIBERTAD TAMBIÉN SUBIÓ AL ESCENARIO
Cuando hablar se convirtió en parte del concierto
Pucho detuvo el ritmo de la actuación para hablar de la libertad que ofrece un escenario y de la responsabilidad de utilizarla para nombrar asuntos importantes. Recordó a Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años que había sido desahuciada en Madrid de la casa donde vivía desde los 17, y habló también de Palestina.
La voz se le quebró. Lloró sin esconderse y necesitó tiempo antes de continuar. Durante esos minutos nadie parecía pedir que el concierto avanzara más rápido. El silencio, los aplausos y los gritos que llegaban desde el público también formaron parte de aquel momento.
La intervención terminó con un “Palestina libre”. No se sintió como un discurso añadido desde fuera, sino como una extensión de canciones que llevan años hablando del miedo, la fragilidad, la pérdida, la comunidad y la necesidad de permanecer juntos.​​​​​​​

Pucho se cubre el rostro durante uno de los momentos más emotivos del concierto. Fotografía: Daniela Arango.

DEL SILENCIO AL MOVIMIENTO
Una banda que nunca permaneció quieta
La emoción del discurso no dejó al concierto detenido. “Fuego”, “Cuarteles de invierno”, “La vieja escuela”, “Te lo digo a ti” y “Valiente” devolvieron el movimiento al escenario. Pucho pasó del micrófono a la percusión, recorrió la plataforma circular y convirtió cada cambio de posición en una forma de comunicarse con sus compañeros.
La energía no dependía únicamente del vocalista. La batería sostenía los cambios de intensidad, las guitarras abrían y cerraban espacios y las diferentes percusiones daban a las canciones una dimensión física. Desde fuera se percibía una banda pendiente de sí misma, pero también de todo lo que estaba ocurriendo alrededor.
“La cuadratura del círculo” y “La caja de los truenos” llevaron esa tensión hasta el final del bloque principal. La estructura de ensayo seguía visible, aunque a esas alturas el espacio ya estaba atravesado por las voces de todo el recinto.​​​​​​​

Pucho alza la palabra “TIRITERA” sobre el escenario circular del Roig Arena. Fotografía: Daniela Arango.

EL FINAL
De una canción inédita a “Los días raros”
El bis comenzó con “El campo de violín”, estrenada por primera vez en Valencia. Después llegaron “Consejo de sabios” y “Copenhague”, dos canciones capaces de provocar reconocimiento desde sus primeros compases.
“Los días raros” cerró más de dos horas de concierto. En ese momento, el escenario ya no parecía solamente un local de ensayo llevado al centro de una arena. Se había convertido en una habitación enorme compartida por más de 14.000 personas.
Salí del Roig Arena pensando en las cuatro canciones que había esperado especialmente, pero también en la imagen de Pucho llorando sin intentar disimularlo. Vetusta Morla regresó con material nuevo y un montaje distinto; lo que terminó dando sentido a la noche fue su decisión de no separar la música de lo que sucede fuera del recinto.
Las canciones pueden acompañar una vida privada y, al mismo tiempo, sostener una emoción colectiva. Durante unas horas, ambas cosas ocurrieron en el mismo lugar.

Vista general del público y el escenario circular de Vetusta Morla en el Roig Arena de Valencia.

COBERTURA FOTOGRÁFICA
Una selección del escenario circular, los músicos, la energía de Pucho, los momentos de emoción y la dimensión del público durante el debut de Vetusta Morla en el Roig Arena.

Texto y fotografía: Daniela Arango · Daphoto Live
Concierto: Vetusta Morla
Gira: Gira de vuelta. Canciones de ida
Recinto: Roig Arena · Valencia
Fecha: 9 de octubre de 2026
Promoción: Esmerarte Industrias Creativas​​​​​​​

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